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Bonito palabro

Esto que veis, es lo que se ve desde mi ventana.



Si no fuera por los errores que tiene, hasta sería un buen grafiti, de esos con mensaje profundo (nada que ver con esta obra de arte). Pero vaya Kamehame a la gramática le da nuestro amigo el grafitero o grafitera.

Mucho se dice del nivel cultural con el que se sale de la E.S.O o incluso de Bachillerato. Que si la culpa es de los padres que les compran móviles o que si la culpa es de la violencia que sale por la tele, da igual. Pero puestos a dejar huella en un muro, que menos que escribirlo bien, que lo va a ver mucha gente y por mucho tiempo. O ya que estamos, que nos hagan creer que lo hacen a drede y que les importa un bledo escribirlo bien. Hubiese quedado mucho mejor “E a prendio a estar solo… i a yorar sin molestar”.

Aaaains que descanso pa los ojos…

Reactable

Hace un tiempo vi por la televisión un reportaje de un instrumento musical que habían creado en una universidad de Cataluña. El aparato era una superficie en la cual se ponían objetos con diferentes formas y cada uno hacía algo: algunos emitían sonidos sintéticos, mientras otros sincronizaban esos sonidos. Además girando estos objetos sobre la superficie, el sonido o la velocidad del sonido cambiaba. El día que lo vi no me pareció más que un juguete un tanto extravagante. Pero ahora leo en El País, que Björk, ha incorporado este instrumento a sus conciertos.

‘El juguete’ se llama Reactable y lo ha desarrollado el Grupo de Tecnología Musical de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, dirigido por Sergi Jordà y formado por Marcos Alonso y los austriacos Günter Geiger y Martin Kaltenbrunner, todos ellos músicos e informáticos.

Y para que veais de que se trata:



Comienza el viaje

Para que no me taladre más la oreja ese pesado de Gandalf me he apuntado a este viaje. No sé si llegaré o no, pero no pienso tirar el anillo a ningún lado porque, quiero que quede claro, ¡el anillo es mio!

No prometo que sea un viaje agradable porque la oscuridad que envuelve mi corazón me convierte en la peor de las arrabaleras, a no ser que Smargol, tan amable, asome su entrometida y recientemente torcida narizota.

Os iré relatando mis historias por aquí. O no.